Es un tipo de acoso al cual no se le toma la debida importancia, la sociedad entera y hasta los mismos docentes o padres de familia minimizan la afectación que pueda ocasionar en un niño o menor de edad un insulto o marginación de tipo social, racial o económico en un centro educativo.

El mismo hecho de que los agresores y agredidos sean niños hace que el caso sea dejado como parte del día a día de un escolar; sin embargo, qué tanto puede afectar el acoso escolar de los mismos compañeros a un niño que por ejemplo tiene problemas familiares, viene de una familia disfuncional o al cual sus padres no le prestan la más mínima atención.

Si bien es cierto, la reacción que el menor tome o asuma frente a un caso de bullying suele ser producto del carácter y la personalidad en formación desde la casa, el hecho en sí, o la agresión la sufre en la escuela, por lo tanto son los docentes, directivos y los mismos alumnos quienes deben prevenir estos hechos.

Lo que ha sucedido con la niña de 13 años en un centro educativo de Huancabamba, es el desenlace de una secuela de agravios que han ido lastimando el autoestima y estabilidad emocional de la víctima orillándola al suicidio. ¿Dónde estaban los docentes que no se dieron cuenta. Es posible que en las aulas o en los mismos colegios los niños hagan burla de otros sin que nadie se de cuenta?.

¿Las escuelas no establecen planes estratégicos de control de bullying? Últimamente se escucha mucho a los funcionarios de la DREP quejarse por la falta de sicólogos, pero no es lo único que debe de reforzarse.

Lo que este suicidio evidencia es que no existe ningún control, y que hace falta un monitoreo mucho más organizado de las relaciones humanas entre compañeros, o entre docentes y alumnos. Esperemos que las ugeles y la misma Dirección Regional de Educación hagan una evaluación del problema y mejoren sus estrategias.

Karina Miranda

Karina Miranda