El mundo moderno, el excesivo trabajo y las múltiples tareas de nuestra rutina diaria, consume nuestras energías, dejándonos sin el combustible necesario para lidiar con nuestras obligaciones en casa, con los hijos y la familia.


Este desgaste lleva a un estado de estrés que cobra fácilmente factura en el ambiente familiar, especialmente en la comunicación, la que termina siendo pobre, escasa, insuficiente, poco asertiva y en algunas ocasiones, casi nula. Si a esto le sumamos la inmersión en los aparatos digitales y el abuso de la tecnología, los vínculos de la familia terminan por resquebrajarse afectando los distintos niveles de la comunicación.

Si el niño no aprende a comunicarse adecuadamente en casa, esto se reflejará también en la escuela, en su convivencia diaria con sus compañeros de clase y con sus maestros. De cada padre depende que la comunicación no sea agresiva ni pasiva donde la única respuesta sea la barrera al silencio.

Consejos para un diálogo asertivo entre padres e hijos

1. Distribución de tareas: Previamente comunicadas y comprendidas según su importancia.
2. Valoración de opiniones: Realizando toma de decisiones en conjunto, utilizando el diálogo.
3. Decir lo que es y cómo es: Implica pedir acertadamente lo que necesitamos, hablando positivamente sobre nuestras impresiones y pensamientos sobre las cosas y personas, sin molestar a los demás.
4. Cuidar el lenguaje verbal y gestual: Atender el gesto y la postura además de las palabras, para que no haya contradicción o ambigüedad en el mensaje.
5. Buscar la coherencia: Actuar con la lógica de lo que decimos y expresamos.
6. Buscar empatía: Ponerse en el lugar del otro, escuchando con atención, no para contestar, sino para prestar ayuda o apoyo emocional.
7. Reconocer los errores: Aceptar la equivocación y pedir disculpas si es necesario, además de elogiar el esfuerzo o acierto de otros.

Conoce los niveles de la comunicación

Sabías que en las conversaciones que tenemos durante el día se expresan diversos niveles de profundidad de la comunicación. Por ejemplo, no es lo mismo hablar con tu hijo de cómo le fue en el colegio, de sus amigos y sus juegos, que hablar de sus emociones y sentimientos.
Si quieres tener una buena relación con los miembros de tu familia, debes prestar mucha atención a estos niveles de profundidad de comunicación y saber cuál aplicar cuando converses con tus hijos.

5 niveles de profundidad

1. Hablar de las cosas: Es el nivel básico de una conversación; por ejemplo, hablar de un partido, de los deberes, de una película de cine o de la comida.
2. Hablar de las personas: Es hablar sobre acontecimientos de terceros; por ejemplo comentar lo que han hecho los amigos, sobre la clase de la profesora, sobre el vecino, etc.
3. Hablar de nosotros: Es compartir intimidad y aproximarse afectivamente, conociendo más de los hijos y ellos más de los padres. Por ejemplo, explicar a un hijo sobre lo que más le gustaba hacer cuando era pequeño.
4. Hablar sobre los sentimientos de uno mismo: Significa que se tiene confianza en el otro para compartir la intimidad. Por ejemplo, cuando el hijo cuenta que se siente mal porque su mejor amigo juega con otros niños.
5. Hablar de los sentimientos mutuos (del uno por el otro): Se fortalece el amor, la asertividad y se construyen vínculos afectivos para el desarrollo integral de las personas. Por ejemplo, una madre que manifiesta a su hijo su disgusto porque la desobedeció.