Tal vez las críticas que han surgido contra Vizcarra por algunos especialistas y analistas políticos respecto a que no debió interferir y sugerirle al fiscal de la Nación, Pablo Chávarry que deje el cargo sean acertadas en otro escenario.

Probablemente, si la coyuntura fuera otra, sería una clara intromisión en el carácter de indepencia y autonomía que tienen algunas instituciones; sin embargo, la posibilidad de que el cuestionado fiscal sea parte de una red criminal que avala y representa la corrupción enquistada en las altas esferas del Poder Judicial, lo pone al presidente en una posición distinta, y resultaría válido que como cualquier ciudadano y mucho más como mandatario, le sugiriera dar un paso al costado.

Lo que sí no es aceptable, es que Chávarry haya respondido de una manera amenazante y a modo de advertencia le haya recordado al Presidente de la República los procesos que tiene pendiente con la justicia.

Y no solo eso, sino que también a Mercedes Araoz, quien apoyó a Vizcarra en su sugerencia, inmediatamente después la haya citado por el caso de los votos falsos. ¿Coincidencia? Sería demasiado inocente pensar que todo fue producto de la casualidad. Lo que sí queda claro entonces, es que el actual Fiscal de la Nación no piensa ni por un momento dejar el cargo, y a pesar de que la posible sucesora de Chávarry en caso éste diera un paso al costado, también es una cuestionable magistrada, no podemos ocultar que el actual titular no es la persona idónea para el cargo.

Su transparencia y profesionalismo ha quedado en duda tras el sospechoso vídeo con el suspendido juez César Hinostroza, entre otras cosas. Así es que existen razones de sobra para que Vizcarra se preocupe por quién está a la cabeza y lidera la labor del Ministerio Público.

Karina Miranda

Karina Miranda