Creadora del Club de Mujeres que Viajan Solas por el Mundo conversó con La Hora sobre su labor de empoderar a las damas y alejarlas de la idea del “sexo débil”.Por: Adriana Collazos R.

Lizeth Pana es casi una errante. “Casi”, decimos, porque a pesar de que ha recorrido la mayor parte de su país, de que ha visitado otras naciones y de que suele tener los pies sobre una tierra ajena, existe un lugar a dónde Lizeth regresar cuando sea necesario, un espacio que, convertido en memoria, es un recordatorio de su identidad.

Lizeth Pana Van-Grieken nació hace veintiocho en La Guajira, un departamento del norte de Colombia, cuya costa es bañada por el mar Caribe. En este lugar, Lizeth, fundadora del Club de las Mujeres que Viajan Solas por el Mundo, tuvo su primer contacto con viajeros.

“Cuando yo estaba niña tenía roces en mi cultura indígena (soy wayuu) y roces con extranjeros que llegaban; muchos hacían voluntariado y contaban historias. Ahí me nace el querer viajar. Mi primer viaje fuera de Colombia fue a Brasil. Viajé sola y me metí en la cabeza que en cada lugar debía conocer culturas diferentes. Allí aprendí de otras gentes, de otras culturas. El encuentro fue increíble”.

Una de las instantáneas de Liz tomadas en Quito – Ecuador.

Desde entonces, Lizeth no ha dejado de viajar, pero bastó su primera experiencia para detectar que algo hacía falta, que existía un problema bajo el suelo de la cultura latinoamericana.

“La gente se sorprende mucho al ver a una mujer viajando sola, porque no es normal. Existe el estereotipo de que la mujer es un blanco fácil, que no puede estar sola porque puede ser maltratada, violada o ser muy sensible”. Sin embargo, este discurso, tan típico en el sur de América, no la amilanó. Por el contrario, la lanzó a querer replicar su hallazgo en otras personas.

Liz viajó 2 meses por tres departamentos de Colombia junto a la gata “Nina”.

El origen del MVS

El Club de las Mujeres que Viajan Solas fue la respuesta a lo que Lizeth identificó como un problema cultural: la necesidad de que una mujer viaje acompañada para no morir en el intento de ensanchar su horizonte. El 28 de diciembre de 2016 creó este grupo en Facebook compuesto hoy por 47 128 damas de diversas edades cuyo principal motor es demostrar que una mujer no necesita de una compañía masculina para sentirse segura.

Según las estadísticas del Club, en Perú hay 5 354 mujeres que viajan solas por el mundo.

-Sabemos que te gusta viajar, pero ¿qué te impulsó a hacerlo completamente sola?

-Cuando regresé de Brasil me propuse juntar dinero para viajar nuevamente, pero se volvió un campo de frustración porque yo aún quería viajar acompañada y mis amigas, con quienes quería ir, ya no viajaban. Eso te frustra: tienes el sueño de ir a tal lugar y dejas de hacerlo porque la otra persona no lo hace. Esas situaciones y palabras te impiden volar y que puedas decir: Yo voy sin depender de nadie.

Esta es la comunidad en facebook del club MVS.

Ayuda femenina

El Club de las Mujeres que Viajan Solas es, ante todo, un grupo de apoyo. “Viajé sola y me di cuenta que todo aquellos sobre nuestra debilidad eran simples estereotipos. Descubriendo nuevas culturas volví a creer en la humanidad. Yo ya había pasado por ese proceso, pero veía chicas que tenían miedo y otras que se habían lanzado a recorrer el mundo. Cree el grupo porque hay otras mujeres que te pueden ayudar si viajas. Pensamos como un equipo”.

-¿Por qué crear un grupo de estas características?

-En mis anteriores viajes –agrega- buscaba en las redes grupos de mujeres viajeras y terminé descubriendo que había quienes necesitaban un espacio de ese tipo. “Escuché el grito de las mujeres”.

La tarea de crear un grupo no fue fácil. Lizeth cuenta que echó a andar su proyecto con cien afiliadas, algunas de las cuales usaban el grupo para compartir contenidos muy distintos a nuevos destinos, nuevas rutas. Había llegado la hora de imponer reglas.

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-¿Fue fácil administrar a un grupo creciente?

-Yo no creé un grupo para mí, sino para las mujeres que viajan y se apoyan, que puedan sentir que se han superado. Cuando empiezas un grupo con toda la seriedad del mundo, viendo las necesidades de la gente, quieres mantener el orden.

Las reglas son básicas pero inexorables: no se comparten cadenas, no se permite el lenguaje grosero, es necesario participar activamente, etc. El grupo creado posteriormente en WhatsApp mantiene esas mismas normas que permiten regular, incluso, la admisión de nuevos miembros.

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-¿Y alguna vez un hombre intentó colarse?

-Sí, pero tenemos que ver a quiénes admitimos. Recibimos entre 150 y 200 invitaciones diarias. En ocasiones nos llegan solicitudes de personas cuyos perfiles recién han sido creados o que son falsos. ¿Por qué lo hacen? Porque querrán saber de qué hablamos, o querrán buscar una chica para viajar o con cualquier otra intención.

-¿No te dicen feminista?

-El grupo no es feminista. Para mí, el feminismo es lograr el respeto a los derechos que ya están escritos, pero el club busca eliminar los prejuicios que tu tío, tu abuelo o tus amigos han creado. Cuando tú viajas te das cuenta que no te va a pasar nada y que todo es un miedo creado. Tú puedes hacerlo todo, pero con cuidado. En todos los países hay lugares peligrosos, los hay en Colombia, en Brasil, en Perú.

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-¿Y cuáles son las recomendaciones que podrías dar para mantenerse a salvo?

-Todos, hombres y mujeres, tienen derecho a viajar, pero hay que ser respetuosos, hay que tener ética. Debemos tener en cuenta que, aunque nosotras sí seamos así, los demás pueden no tener buenas intenciones. En mi caso, yo no salgo a rumbear sola [en otra ciudad], trato de estar con un [individuo] local que me guíe, mantengo el contacto diario con mi familia y llevo un arma. No tiene que ser una pistola, pero sí un paraguas o gas pimienta.