¿Realmente el abanico de candidatos que ya se lanzó al ruedo para el Congreso de Piura, está para todos los gustos? Pues podría decirse que no. Desde hace mucho tiempo los votantes piuranos y también a nivel nacional, no hacen otra cosa que no sea elegir entre el mal menor.

Es decir, tratar de rescatar uno que otro punto a favor que puedan tener los candidatos, sin que esto signifique que son los políticos adecuados para llegar a algún cargo como alcalde, gobernador regional o el Congreso.

Estas elecciones no son la excepción y mucho más aún, por el corto tiempo que han tenido los partidos para elegir a sus representantes, y peor aún, porque muchas listas están siendo digitalizadas desde Lima y probablemente al mejor postor.

En efecto, aunque nada está oficializado, es vox populi que muchos de los candidatos pagan un cupo por ser parte de las listas de partidos y movimientos regionales, aquel que más aporte a la campaña tiene un cupo asegurado y eso -a los electores- no nos garantiza nada, solo que el elegido tiene un buen poder adquisitivo lo cual no es sinónimo de buen candidato.

Y es que lamentablemente, muchos de los que postulan, o entran por enriquecerse o por tener el poder lo cual convierte a la carrera política en un objeto de afán comercial o un negocio, una inversión bastante rentable.

Como dice Juana Huaco, analista política de la Universidad de Piura, el afán del candidato debe ser el de servir a su gente, solucionar los problemas que aquejan a la población, y para eso deben estar empapados y preparados, sino luego asumen un rol muy pasivo, sin propuestas ni iniciativas legislativas.

Karina Miranda

Karina Miranda