Las buenas intenciones no se traducen solo en normas que finalmente sean echadas por tierra por los ciudadanos, o en leyes que terminen archivadas y olvidadas, almacenadas en la mente de los legisladores y gobernantes. Si las leyes las cumple solo un sector de la población no hay resultados positivos ni se alcanzan los objetivos por los cuales fueron creadas.

Desde un inicio se ha dicho que las restricciones sanitarias, ya sea aforos, horario de toque de queda y protocolos, de nada sirven si no hay conciencia y cultura de protección y cuidado en cada uno de los piuranos. Pero si además de eso, nos falta personal para verificar y controlar que nadie, y en eso hay que ser estrictos, ‘NADIE’, altere o vulnere las normas sanitarias, estamos en cero.

Y estos casos de faltas a las normas sanitarias se ven a diario, a vista y paciencia de todo el mundo. Lo vemos en el centro de Piura, en el mercado, en los pequeños negocios y galerías, en los parques, y mucho más en urbanizaciones y barrios de la periferia; sin embargo poco o nada se hace frente a esta realidad.

Los órganos fiscalizadores hacen lo que pueden con la logística que tienen, pero finalmente con estas deficiencias terminan cayendo en un trabajo facilista e injusto.

Y es que, al decir que todos estamos obligados a cumplir las normas, nos incluye a todos, sin distinción.

Sin embargo, lo que vemos es un control estricto al trabajador o emprendedor formal, empresarios formales, tiendas y negocios pegados a la ley, pero vemos muy poco trabajo frente a la informalidad, evidentemente porque es algo que demanda mayor esfuerzo, más personal, más tiempo y más autoridad, algo de lo que carecen nuestros gobernantes.

Lamentable e injusto para quienes cumplen con todas sus obligaciones tributarias.

Karina Miranda

Karina Miranda