Hace tres años atrás un joven universitario fue asesinado en Piura a balazos, por un delincuente para robarle su celular. Esta vez este triste episodio se repite pero en la ciudad de Sullana, donde unos desalmados le quitaron la vida a un joven padre de 2 hijos, porque éste se resistió a entregarles el móvil. Lo más dramático de este caso delictivo es que lo hicieron frente a su padre, quien tuvo que presenciar el agónico final del joven, a quien minutos antes había encontrado en el camino y retornaban juntos a su casa.

Finalmente los asesinos huyeron sin dejar huellas de su paradero; mientras tanto la familia llora su irreparable pérdida, exigiendo se haga justicia, pues como todos sabemos ante este tipo de delito lo único que se espera es una sentencia de cadena perpetua para quien le arrancó la vida a Edgar Ogoña.

Justo un día antes, en las páginas del diario habíamos hecho un llamado de atención acerca de la inseguridad que se vive en la ciudad de Sullana y, lo que es peor, las pocas herramientas con las que cuenta la Policía para proteger a los ciudadanos. No hay patrulleros, falta personal, y ni siquiera hay serenos para que refuercen la vigilancia. En este clima de vandalismo y delincuencia que se vive en Sullana, ciudad que es una de las más peligrosas del norte peruano, no es posible que las autoridades sigan indiferentes ante esta realidad.

Se hace necesario y urgente que se convoque a las distintas instituciones comprometidas con en este tema para que se reúnan y trabajen planes y estrategias agresivas contra la delincuencia. Dejar este trabajo solo a la Policía es como minimizar el problema y a estas alturas no estamos para ignorar las constantes muertes a causa de hampones, o la millonaria suma de dinero que hasta la fecha han robado estas bandas delincuenciales que acechan en pleno centro de la ciudad.

Karina Miranda

Karina Miranda