La preocupación por el tema de la seguridad ciudadana y el alto índice delincuencial, siempre se centra en las posibilidades o capacidades de la Policía.

Sin embargo, si bien esta institución tiene como misión proteger y salvaguardar a la población de todo tipo de peligro que existiese en las calles de la región y del país, existen otros entes encargados también de apoyar y fortalecer este trabajo.

Están por ejemplo los gobiernos locales, quienes incluso destinan un presupuesto para seguridad ciudadana, con el cual realizan algunos proyectos y cancelan el personal contratado en áreas como Serenazgo.

Sin embargo, donde les está faltando poner mano dura es en la propagación de los bares o cantinas.

Estos antros que en la mayoría de las veces se encuentran repletos de vándalos y delincuentes se propagan de una manera preocupante en nuestra región, generando más violencia y hasta muertes.

El miércoles pasado un comerciante de ropa fue asesinado de dos balazos, aparentemente por una gresca que inició en una bar.

El problema, no es solo que estos lugares se caracterizan por congregar bandas o delincuentes comunes, sino que es muy raro que tengan documentación en regla, es decir son peligrosos bares que se encuentran al margen de la ley, pero a pesar de eso cuando se clausuran, en total desacato a la autoridad vuelven a abrir sus puertas, sin que nadie diga nada.

Y es que lamentablemente, tanto jefes de Fiscalización como serenos y policías pareciera que le temen a este tipo de intervenciones, y es preferible pensar eso a creer que pueden estar recibiendo algún tipo de ‘incentivo’ para dejarlos funcionar.

Karina Miranda

Karina Miranda