Cada vez son más los cuestionamientos a los funcionarios de los distintos estamentos del Gobierno, así como de la Policía y del Poder Judicial. Nadie se salva de ser víctima de la corrupción y menos el Estado Peruano, el cual también ha sido parte de esta red de coimas y tratativas bajo la mesa por parte de Odebrecht y la cúpula política de nuestro país.

Y en esta coyuntura, pues el poder del dinero parece comprarlo todo, incluso el honor de algunos fiscales, como es el caso de la exfiscal de Tambogrande, quien se habría dejado seducir por el dinero; y a cambio de impartir ‘justicia’ solicitó hasta 20 mil soles.

Lamentable, pues su ambición por el dinero le costó su trabajo, su carrera, su tranquilidad y hasta su libertad. Pues aunque hoy en día se encuentra prófuga, ha sido sentenciada a 7 años de pena efectiva de cárcel, con lo cual se ha ordenado su captura a nivel nacional y será cuestión de días para que sea conducida al penal. Lo cierto es que esta sentencia es un buen precedente y un contundente mensaje para quienes dentro del Poder Judicial creen que la justicia puede venderse al mejor postor.

O para quienes han hecho de este organismo público una forma efectiva de pagar favores, de blindar padrinazgos, amiguismos, o compadrazgos, especialmente con algunos funcionarios públicos o políticos.

Si bien es cierto la corrupción está en todos lados, una de las instituciones que debería estar limpia de todo ‘negociado’ es precisamente el Poder Judicial y el Ministerio Público, pues son ellos los encargados de hacer justicia a los peruanos víctimas de abusos de autoridad, de la delincuencia y de tantos otros delitos.

Karina Miranda

Karina Miranda