La noticia de que menores de edad estarían involucrados en el robo de las 100 tablets que sustrajeron de la Institución Educativa José Carlos Mariátegui, nos confirma una realidad que poco a poco nos lleva contra la pared y sin dejarnos salida. La delincuencia se ha incrementado, pero también se está robando lo más preciado de un país, su futuro.

Varios son los actos delictivos, entre atracos y crímenes donde se han visto inmersos menores de 17, 16, 15 y hasta 13 años de edad, prácticamente niños, que en vez de estar en la escuela estudiando, permanecen en las calles, portando un arma y dispuestos a convertirse en asesinos con tal de ganar unos cuántos billetes. Muchos de los niños involucrados en este mundo del hampa lo hacen como una manera de rebelarse con su familia o con sus padres; y otros porque buscan una manera fácil de ganar dinero.

Lamentablemente cuando estos niños son capturados, y por ley, no pueden ir a la cárcel son enviados a los reformatorios o albergues. Lo complicado de esto es que tener en un mismo sitio a niños acusados de hurto (delitos menores) junto a otros que han asesinado por dinero, o avezados pandilleros a quienes no les pesa la mano para disparar contra el prójimo, resulta poco recomendable para su formación.

Sería bueno modificar este tipo de situaciones, pues lo mismo pasa en los albergues, donde encontramos a menores huérfanos y otros con la escuela del hampa. El alcalde ha manifestado su intención de implementar albergues, ojalá y esta no sea solo una promesa y podamos salvar de las garras de la delincuencia a aquellos que mañana podrían ser grandes profesionales y ciudadanos de bien.

Karina Miranda

Karina Miranda