La muerte nos llega sin avisar, pero hay otras ocasiones en que pareciera como si buscaran la tragedia o no supieran que ciertas acciones que realizamos nos llevan definitivamente a un triste final.

Es el caso de los menores que por su inmadurez e irresponsabilidad se pusieron a jugar con un arma de fuego, sin saber que podían salir lastimados, o lo que es peor, perder la vida.

Precisamente lo que sucedió. La fatal noche, los dos jóvenes jugaban con el arma y finalmente perdió la vida uno de ellos, ahora la enamorada se encuentra sumida en el desconcierto y la culpa; pues, por casualidad, fue ella la que apretó el gatillo y acabó con la vida de su enamorado.

Sin embargo, este hecho no ocurre por primera vez, en otras oportunidades ya se han producido muertes que no han sido intencionales, y un simple juego ha terminado en llanto.

El problema en estos casos, y cuando se trata de los menores, es que los padres no tienen cuidado de lo que dejan al alcance de las manos de sus hijos.

Y no solo pasa con las armas de fuego, puede pasar con un cuchillo, una olla con agua hirviendo, pastillas al alcance de los niños y que podrían terminar en la boca de uno de sus hijos y ocasionarle un envenenamiento o intoxicación.

Es por ello, que estos hechos tan lamentables, sirven de alguna manera para advertir a los padres de familia a no descuidarse con algunas herramientas peligrosas y que pueden causar la muerte. Ha ocurrido incluso en los colegios, donde los alumnos suelen llevar estas armas como un juego, pero al final traen funestas consecuencias, ocasionando la muerte de amigos, familiares o compañeros de trabajo. Advertidos estamos.

Karina Miranda

Karina Miranda