Se crearon para promover el deporte en los barrios, para que los niños, los más humildes, tengan un lugar digno, una canchita apropiada donde puedan hacer deporte y de esta manera evitar que el ocio los lleve a involucrarse en el mundo de las pandillas o con bandas de asaltantes.

Sin embargo, los comités encargados de administrar las canchas deportivas octubrinas, que por cierto no tienen ningún tipo de control, han encontrado en ellas el ‘negocio’ de su vida, pues con alquileres de hasta 60 soles por una hora, logran acumular un promedio de 30 mil nuevos soles mensuales, de los cuales, un poco más de 20 mil, en teoría serían para el mantenimiento y el saldo para ellos mismos; sin embargo, de los ingresos y egresos nadie habla, es decir no hay rendición de cuentas, no se sabe qué se hace con las ganancias, si se reinvierte el dinero en mantenimiento o si es distribuido en su totalidad entre los miembros del comité.

Son autónomos y como tal nadie puede intervenirlos. Es por ello que el alcalde y el pleno de regidores octubrinos ha creído conveniente emitir una ordenanza, la cual se encuentra en plena elaboración y que pondría freno a estos malos vecinos que en lugar de abrir las puertas de las canchas a los niños, le ponen candado para que no puedan ingresar, obligándolos a observar desde lejos cómo trabajadores o empleados de distintas empresas con el poder adquisitivo necesario pagan el alquiler hasta de dos o tres horas por noche.

Esperemos que pronto estas canchas que serían una forma de rescatar a la niñez de los malos hábitos, sean parte de la administración de las Juvecos y sobre todo que estén bajo una normativa que ponga límites y fiscalice.

Karina Miranda

Karina Miranda