Primero fue un niño en la ciudad de Sullana, esta vez fue uno en Castilla. Y la pregunta es, qué podemos esperar: ¿que mañana o pasado haya otra víctima inocente en cualquier otro punto de la región?

La violencia y el crimen ha sido hasta antes de la cuarentena una de las mayores lacras que ha golpeado a Piura, con la cuarentena impuesta por el Gobierno, se desvaneció este vandalismo, y pudimos -al menos por esa parte- quedarnos más tranquilos.

Sin embargo, a medida que se han ido reactivando las actividades, y quitando algunas medidas restrictivas, la delincuencia ha vuelto a ser noticia y a ocupar las portadas, pero esta vez con mayor ferocidad e insensibilidad. Dos niños, han sido prácticamente asesinados en actos de venganza. Balas perdidas producto del ataque agresivo de grupos de vándalos dejaron dos familias en el más profundo dolor ante tan irreparables pérdidas.

Lo que ha sucedido en Castilla nos ha dado una voz de alerta, mucho más grave aún sobre el grado de violencia delictiva que se vive en varias zonas de nuestra región. En principio fue Sullana, y debemos decir que esta provincia nunca dejó de padecer por hechos delincuenciales ni en cuarentena. A diferencia del resto de la región, siempre ha presentado asaltos, robos, hurtos, crímenes, etc. Y luego Castilla, también un distrito que si bien ha visto una reducción en cuanto a la frecuencia de los hechos delictivos, pues no quiere decir que hayan desaparecido del todo.

Por lo tanto, la Policía debe tomar todas las medidas necesarias para que estos delincuentes sean capturados, pues ya está visto que la población está dispuesta a tomar la justicia por sus propias manos. Y esto es consecuencia de la inacción, de la falta de autoridad policial en esta zona de Castilla, donde se ha dejado hacer y deshacer a los clanes familiares, bandas y grupos delincuenciales. Algunas veces por temor, y otras por confabularse con el hampa. Lamentablemente, y debemos decirlo, falta mano dura y falta enfrentarse a estos indeseables que ya cobraron la vida de dos niños inocentes y quién sabe qué más pase si no se pone límites

Karina Miranda

Karina Miranda