Las condiciones precarias en que laboran muchas personas, especialmente los obreros de las grandes empresas comerciales y de la actividad privada no es ninguna novedad.

Lo sucedido con los dos jóvenes universitarios que murieron electrocutados en el restaurante de comida rápida McDonald’s en Lima, es solo uno de los cientos de casos que se registran, pero que lamentablemente no se denuncian ni salen a la luz pública.

Y es que la salud y seguridad en el trabajo no existe ni siquiera para los que trabajan en la actividad pública, si no solo miremos a los obreros de la limpieza pública que a diario se exponen a decenas de accidentes y contaminación porque ni siquiera se les dota de los mínimos implementos como guantes y mascarillas.

Y no solo se trata de las condiciones de precariedad en que desempeñan sus labores, sino que además la gran mayoría son explotados recibiendo sueldos de verguenza, sin ningún tipo de beneficio y laborando hasta altas horas de la noche.

Todo porque se trata de universitarios que tienen que costear sus estudios y tienen que aceptar que se vulneren sus derechos laborales.

La interrogante es qué pasa con las entidades fiscalizadores y supervisoras como es el Ministerio de Trabajo que debe garantizar que las personas no solo trabajen en un ambiente digno que les permita realizar su jornada en condiciones favorables, sino un sueldo acorde a lo que realizan y de acuerdo a lo establecido por ley.

Incidentes lamentables como el sucedido con estos dos universitarios no tiene por qué volverse a repetir.

Karina Miranda

Karina Miranda