Tres casos de violencia a la mujer han llamado la atención en los últimos días.

Primero la joven que pudo ser quemada viva por su enamorado, luego el caso de una mujer que casi se lanza de un quinto piso para evitar seguir siendo agredida por su pareja; y por último, el caso de Doris de la Cruz, quien casi pierde la vida a manos de su conviviente, un venezolano que la agarró del cuello y lanzó al pavimento desde una altura considerable, para luego volver a hacer lo mismo.

Los tres casos, son muy semejantes, no solo por la violencia por parte de los que dicen amarlas, sino que ninguna de las tres víctimas quiso denunciar a su agresor; por el contrario, los protegieron e incluso una de ellas se fugó con él.

Las reacciones de la mayoría de lectores y cibernautas fue cuestionar la conducta de las mujeres, justificando el por qué luego son maltratadas y hasta asesinadas.

Sin embargo, habría que entender que muchas de ellas viven bajo una amenaza mortal, pues nadie les garantiza que tras denunciarlo, el sujeto con una buena coima o por alguna influencia familiar o amical no logre salir libre de cualquier proceso.

Estas mujeres muchas veces viven bajo la amenaza de estos sujetos que utilizan cualquier medio, incluso a sus propios hijos para seguir teniéndolas sometidas.

Como el caso de la mujer secuestrada en el Medio Piura, a quien su conviviente la encerró y la amenazaba con asesinar a sus hijos si fugaba. Sin embargo, también existen otras, que aún mantienen una dependencia emocional, lo cual también es consecuencia de una infancia traumática o de un problema sicológico, en ambos casos las mujeres deben ser apoyadas tanto sicológica como legalmente, en vez de ser víctimas de críticas e insultos

Karina Miranda

Karina Miranda