No solo las características físicas, o gestos son parte de los rasgos hereditarios, también el comportamiento emocional; sin embargo, éste también es consecuencia de las buenas o malas experiencias vividas a lo largo de la vida y cómo fueron tratadas o cómo se reaccionó ante ello.

Hace dos días hablábamos del maltrato del cual eran víctimas algunas mujeres, quienes salvaron de la muerte.

Sin embargo, ayer sucedió lo inevitable, una señora de 46 años fue asesinada sin piedad. Su expareja le quitó la vida de 96 puñaladas, porque ella se negaba a retomar la relación con él.

Lo curioso es que el presunto asesino ya tiene un hermano purgando condena por haber asesinado a su pareja, quien es también hermana de la reciente víctima, Indaura María Aguilar.

Es decir dos feminicidas en la familia, que no necesariamente tienen que relacionarse con una conducta hereditaria, pero si tal vez con las condiciones en las cuales crecieron.

Todos estos factores vividos influyen en el desarrollo de los futuros esposos o padres de familia, cuyo comportamiento se ve dañado cuando han vivido traumas y no han sido tratados.

El 2019 ocurrieron 165 feminicidios, y el 2018, 149 a nivel nacional; este año en la sierra de Piura se ha cometido el primer feminicidio en la región, esperemos no solo la captura del asesino, sino que las cifras no sigan en línea ascendente porque esto significaría que de poco están sirviendo las marchas, políticas y discursos contra la violencia a la mujer.

Esto se trata de formación en el hogar, de la urgente concientización de la sociedad de que la familia es base fundamental para formar un buen ciudadano y ser humano.

Karina Miranda

Karina Miranda