La Mesa directiva de este Congreso de la República, a la cabeza de la congresista María del Carmen Alva no se diferencia para nada de sus antecesores; se van sin pena ni gloria, lejos de cumplir con la función para la cual los peruanos los eligieron.

Pero para ‘coronarse’ no han encontrado mejor forma de despedirse de la Directiva, que condecorar nada menos que al expresidente Manuel Merino de Lama, motivando las críticas y la indignación de la población que en su momento salió a las calles exigiendo su dimisión.

Según María del Carmen Alva, la condecoración no ha sido a Manuel Merino porque fue presidente o por lo que hizo. No, sino por un acto protocolar, porque según ella se tiene que condecorar a todos los expresidentes del Congreso y se le pone su cuadro.

Es decir, no le interesa todo lo que Merino representó y generó al país, pues ella simplemente cumple un acto protocolar, sin importar nada, menos lo que pueda pensar la población, a la que representan.

Pero no solo eso, sino emulando al propio presidente Pedro Castillo que dijo que veía al Perú como una escuela para aprender a ser presidente; ahora María del Carmen Alva justifica la casi nula eficiencia del Congreso, señalando que en la próxima legislatura se notará la diferencia de la experiencia de los congresistas. “La mayoría ya aprendió, se asesoró bien”.

Es decir, ha tenido que pasar un año para que “aprendan y se asesoren bien”, sin importar lo que ese año ha significado para los millones de peruanos que seguimos sirviendo de experimento de los congresistas, que una vez más demuestran que lo único que los motiva son sus intereses personales y partidarios.

Esperamos que ahora que ya “han aprendido”, la próxima Mesa Directiva sea más conciliadora, que legisle para todos y no sigan contribuyendo a agudizar la crisis en el país.


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Karina Miranda

Karina Miranda