Sin lugar a dudas la sorpresa del 28 de julio no fue el Mensaje a la Nación de Pedro Castillo, el cual resultó ser toda una vergüenza, definitivamente, la sorpresa la dio Monseñor Carlos Castillo Mattasoglio, quien prácticamente invitó al mandatario a dar un paso al costado.


«Es antipatriota y egoísta saber que a pesar que no tiene las capacidades para gobernar (…) continúa entornillado a un sillón que no merece …”.


El discurso del representante de la Iglesia católica, fue alturado, reflexivo y en base a hechos históricos alusivos a la fecha le recordó, no solo al Presidente Castillo, sino también a los parlamentarios, la importancia de reconocer que para lograr el desarrollo y avance de una nación a veces es necesario, reconocer que existen otras personas más capacitadas que nosotros para tomar las riendas y alcanzar el objetivo.

Lamentablemente, estas palabras es muy seguro que cayeron en saco roto. Hasta el momento Castillo no ha demostrado ningún interés en querer dejar el poder y mucho menos los parlamentarios, quienes antes de irse o anunciar su retirada, prefieren quejarse de sus jugosos sueldos. El ejemplo que puso Monseñor, evocando la carta que le envió Don José de San Martín a Simón Bolívar el 29 de agosto de 1822, en la que le informaba que renunciaba a la campaña libertadora del Perú para darle paso al general venezolano, resume en pocas palabras el don y calidad de desprendimiento que debe tener todo ciudadano o político en este caso, que sabe que por encima de sus intereses debe estar el interés común.

Es antipatriota y egoísta, saber que a pesar que no tiene las capacidades para gobernar y a pesar que el país se está hundiendo por la crisis que no sabe manejar, continúa entornillado a un sillón que no merece y lleva una banda presidencial que le queda demasiado grande.

Karina Miranda

Karina Miranda