Sullana no tiene cuándo dejar de llorar a sus muertos. Los constantes crímenes que se ejecutan en plena calle los tienen atemorizados y con el corazón en la mano. A vista y paciencia de cualquier persona matan, a plena luz del día, en avenidas transitadas e incluso frente a los ojos de niños inocentes que tienen que enfrentarse a la violencia y a la sangre con tan solo unos cuantos años de vida.

Este baño de sangre que se derrama en las calles no tiene cuándo acabar; y mientras tanto las autoridades siguen esperando que el Gobierno haga algo o por lo menos admita o apruebe el pedido de Emergencia que desde hace tiempo ha hecho de manera urgente ante la ola de crímenes que por semana puede causar la muerte de hasta tres o cuatro personas.

Lamentablemente, muy pocos de los crímenes terminan con la captura de los asesinos a sueldo o los autores intelectuales, la mayoría de estos hechos son atribuido a ajustes de cuentas entre sujetos inmersos en el mundo de las extorsiones, cupos y sicariato; sin embargo a pesar de que son presuntos delincuentes el accionar violento de estas organizaciones criminales pone en riesgo la vida de ciudadanos de a pie y de los mismos vecinos que incluso dentro de sus viviendas, están expuestos a las balas de la venganza y el odio entre delincuentes.

Y a eso habría que agregar, que si bien muchos de los asesinatos son ajustes, otros no lo son, y ni siquiera esas víctimas inocentes, hasta la fecha encuentran justicia, pues la Policía, ya sea por la falta de logística, de personal o de capacidad no logran dar con el paradero de estas hienas que deambulan por las calles con total libertad.

 

Karina Miranda

Karina Miranda