La crisis política es tal que los peruanos ya no pueden confiar en ninguno de sus estamentos políticos.

Ni a nivel ejecutivo o legislativo, la balanza no se inclina favorable a ninguno de los dos. Pedro Castillo y compañía nos tiene con la soga al cuello; y el Congreso por su lado, es un completo desastre que solo complica la estabilidad y que lamentablemente, pierde la autoridad moral para cuestionar la corrupción que rebalsa por Palacio y los ministerios. Cada escándalo reafirma más la necesidad de que todos se vayan a su casa y adelanten las elecciones.

El terremoto ocasionado con la filtración de los audios de César Acuña y Lady Camones, no solo ha significado el desmoronamiento del partido del empresario: Le costó la baja en la Mesa Directiva en el cargo de la presidencia, la renuncia de Roberto Chiabra y la expulsión de Heydi Juárez, sin contar que ha perdido aceptación por parte del electorado; sino que además, esto ha sido un descrédito más para el parlamento, pues evidencia la forma cómo cada congresista trabaja en función de las ambiciones políticas de su partido o del suyo propio.

Lo malo de todo esto, es que ahora el Gobierno de Castillo busca echarle la culpa de todos los problemas al Congreso. La forma tan descarada con la que Aníbal Torres quiere tapar las ‘embarradas’ que ha hecho el Ejecutivo, es escandalosa, sobre todo después del destape que involucra a familiares del primer ministro con onerosas deudas de tributación al Estado y deudas coactivas, hecho que también suelen criticarle a la derecha por favorecer a los grandes empresarios; sin embargo, ellos hacen lo mismo. Lamentablemente, ambos poderes causan una ‘septicemia’ en el sistema.

 


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Karina Miranda

Karina Miranda