Los vecinos de Castilla se preguntan qué hacen el alcalde y sus funcionarios, pues la ciudad está en estado casi de abandono. Y razón no les falta porque después de un año y dos meses de gestión, poco se ha hecho para recuperar o mejorar el ornato, las pistas y, sobre todo, darle calidad de vida a los contribuyentes.
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Por lo pronto, algunas pistas están abandonadas y son una polvareda constante que atenta contra la salud de los vecinos. Las avenidas Cáceres e Irázola, en pleno corazón del distrito, son ahora de tierra y los buses, que corren como alma en pena, levantan el polvo que se mete por cualquier resquicio de las puertas y ventanas de las casas, mientras el peatón respira el polvo asesino mezclado con coliformes fecales por la afloración constante de los desagües.
Otros puntos de Castilla, como la vía de ingreso al aeropuerto, tienen meses cerrados al tráfico por obras de mejoramiento detenidas por tiempo indefinido, lo que obliga a los turistas a transitar por otras vías peligrosas. Y como si esto no fuera suficiente, el tramo de vía de la Av. Progreso, en la cuadra 4, está destruida siendo un martirio transitar por esta vía para los transportistas. Una pésima imagen para el turista que llega a Piura por vía aérea o terrestre. La Av. Grau es otra vía con tramos destruidos, igual la Av. Tacna y accesos al puente Bolognesi, lo que hace difícil el paso del tránsito.
Las pistas y accesos son parte medular de una ciudad y si estas están destruidas no solo atenta contra el turismo sino que afecta la economía y la salud de los vecinos, pero parece que eso poco importa a quienes en campaña prometieron cambiar y desarrollar Castilla.