El año escolar que se inicia cargado de una serie de problemas para los alumnos y padres de familia que, pese a que son reiterativos, no se han podido solucionar a tiempo. Uno de ellos es la calidad de la infraestructura educativa. Algunos colegios estatales siguen con los mismos problemas de aulas inseguras, paredes y techos deteriorados, además de la carencia de servicios básicos como agua y energía eléctrica. ¿Internet? Ni siquiera está en los planes.
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A la calidad de la infraestructura se suman otros factores también con alto riesgo, como la proliferación de enfermedades endémicas. El dengue y la COVID siguen siendo un peligro y sobre ello no hay estrategias de prevención para los escolares. Mucho menos una alternativa a la ola de calor anunciada para los próximos días de marzo.
Y si esto no es suficiente, los escolares deben hacer frente al caos y la inseguridad en el transporte público: la falta de control y la apatía policial para resguardar las zonas escolares. Por último, los tremendos cráteres en las pistas que hacen difícil y lento el tráfico de vehículos, sobre todo en zonas donde se concentran centros escolares privados y universidades.
Y como corolario a todo este drama que tendrán que vivir los próximos meses los escolares y padres de familia, está el polvo inmisericorde que tendrán que respirar por las calles sin asfalto. Ir a la escuela este año tal vez será una hazaña diaria que tendrán que cumplir religiosamente los escolares y tendrán que hacerlos sin ayuda porque las autoridades parecen que no tienen los reflejos para solucionar problemas vecinales y educativos.