Editorial: A ningún lado
abril 29, 2024
Autor: José Neyra

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La delincuencia, los robos y los homicidios son la preocupación primera de los piuranos. Que una horda de antisociales -muchos de ellos, extranjeros- destruya lo poco que las familias de nuestra región avanzan, y que las autoridades parezcan sordas y ciegas (mudas no, porque para lanzar proclamas, para llenar de palabras huecas las ceremonias, son buenazas) llena de decepción a un considerable sector de la ciudadanía que se plantea actuar sin pedir permiso a comisarios y fiscales.

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¿A dónde nos está llevando esto sino a la barbarie y al derrumbe de la confianza en las instituciones? Culpa de la gente no es, sino de aquellos burócratas que ayer decían que los sicarios solo se mataban entre sí y que había que dejarlos. Hoy los sicarios se ensañan con humildes familias, sirven a usureros que matan cuando no se cumplen sus impagables letras, o matan a pequeños empresarios por órdenes de reos que tienen más celulares que una tienda.

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En el colmo de la violencia, unos ladrones mataron a un ganadero para robarle S/7 mil. Lo amarraron, lo torturaron y le quitaron el fruto de su trabajo. ¿Será posible que esta sea la víctima mortal número 51 en toda la región? ¿Cuántos de estos crímenes han sido resueltos por la Policía? Nadie sabe. ¿Por qué no se dedican a combatir al crimen en vez de estar reglándose entre uniformados o armando sospechosas detenciones? ¿Cómo es posible que se haya consentido tener un agente delincuente a pesar de sus antecedentes? El jefe de la Macrorregión necesita recuperar la mística y honradez policial… o no iremos a ningún lado.

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