Una ligera lluvia de solo 5.3 mm fue suficiente para desnudar los viejos problemas en Piura. Las cuencas ciegas de siempre, con décadas de existencia como El Chilcal o Ignacio Merino, se volvieron a inundar.
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El dren de la Av. Sullana no funcionó y las aguas se quedaron estancadas porque no le han hecho mantenimiento y sigue colmatado aguas abajo. Los nuevos sistemas de bombeo trajeron más de un amargo problema y enfrentamiento vecinal, como el ubicado en la Av. Country, que arrojaba por la mañana sus aguas a la pista generando la protesta airada de vecinos y comerciantes. En otros sectores, los huecos en las pistas se convirtieron en trampas para los transportistas y al mediodía algunas vías quedaron casi intransitables, mientras los charcos de aguas se estancaron en varios puntos de las zonas bajas.
Las obras de prevención también resultaron afectadas por el barro y las aguas, pues algunas de ellas como el drenaje de Ignacio Merino, hasta la fecha no se terminan… ¿Y si las lluvias hubieran empezado desde diciembre como estaban previstas por El Niño? No se necesita ser vidente para tener una respuesta, pues, a pesar de todas las promesas y los anuncios de abultados presupuestos que nos hizo el ministerio de Vivienda, Piura sigue vulnerable ante cualquier lluvia, por muy moderada o débil que esta sea. El caso más dramático es El Chilcal, porque las aguas seguían estancadas durante el día, sin que estas puedan ser drenadas ya que hasta las motobombas están inoperativas. Si llega El Niño, esta y otras zonas estarían ya bajo las aguas y con daños incalculables.