La función inherente a la PNP es mantener la seguridad, hacer respetar las leyes y proteger a los ciudadanos y sus bienes de los delincuentes. Esta es una institución que debe estar más cerca del vecino; sin embargo, no ocurre así. El desprestigio que ha sufrido esta institución por culpa de malos efectivos está pasando factura y hoy es una de las entidades más desacreditadas, al igual que el Poder Judicial, el Congreso y el Gobierno.
PUEDES LEER ? Adolescente peruano ingresó a 5 universidades, escribió 2 libros y aspira ingresar a la NASA
Por ello es bueno que el general de la Macrorregión Policial, Manuel Farías, anuncie que en lo que va del año se ha sancionado con la suspensión a 13 policías implicados en diferentes delitos. El año pasado se castigó a más de 100 relajados.
La solución, sin embargo, no es solo sancionar, expulsar o someterlos a procesos judiciales de acuerdo al delito que cometan, sino evitar que malos elementos ingresen y formen parte de una institución tan importante para la seguridad de los ciudadanos. Y eso pasa por el control que debe existir en el ingreso a las escuelas de policía. Si allí no hay un buen filtro o se “paga para ser policía”, cualquier sujeto con antecedentes sospechosos o con problemas de conducta y afectaciones sicológicas terminará vistiendo el uniforme como ocurre hoy. Y la capacitación no solo debe centrarse en el entrenamiento físico, sino también en el sicológico y la educación humanista.
El policía debe ser ejemplo de moral, justo y humano para defender al ciudadano y que este confíe en él, no como ocurre hoy que muchos temen al policía porque abusan de su autoridad, cuando no, aplican el “pique” como estrategia para pasar por alto algún delito.