En países desarrollados, los jubilados gozan de una buena pensión y buenos servicios de salud, así como descuentos por consumo y en especial, de esparcimiento, que le hace agradable su existencia y le da calidad de vida.
La edad de jubilación en Europa es de 65 años y es cuando empiezan a vivir la edad de oro. Se tiene tiempo para pasear, viajar, visitar a la familia y descansar. Aquí en el Perú ocurre todo lo contrario.
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Debido a las pensiones de miseria que reciben los trabajadores a la hora de jubilarse (65 años) están obligados -para no morir de hambre-, a seguir trabajando hasta los 70 años.
Pero, aun así, ese tiempo de trabajo no es suficiente para darle calidad de vida al trabajador que ha pasado más de la mitad de su vida laborando para alguien, así que, a los padres de la Patria, en un acto de altruismo “desinteresado” han propuesto que ese pobre trabajador se quede prisionero del trabajo hasta los 75 años de edad.
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Es decir, como dice el dirigente gremial, Aurelio Ramos, del trabajo pasará directamente a la tumba, si es que no se muere en el ejercicio laboral. Para el jubilado peruano no hay paseos, viajes, tiempo para la familia y menos atención de calidad para su salud, solo trabajo, aún si ya no tiene la fuerza y destreza de cuando era joven. Esta ley, además, perjudica a los jóvenes porque al subir la edad de jubilación, habrá menos puestos de trabajo. Algunos dirán que el trabajador puede jubilarse a los 65, pero a riesgo de ser una carga para los hijos o en el colmo, a mendigar en las calles porque con 500 u 800 soles nadie vive decentemente en el Perú.