El presidente de El Salvador se ha hecho más conocido, tras su discurso y declaración de las medidas que ha creído conveniente adoptar para controlar la pandemia del COVID-19 en su país; y para paliar la crisis que afectará a su pueblo.

Pero Nayib Bukele, no ha dado un simple discurso, ha demostrado ser el presidente que cualquier ciudadano de a pie, quisiera tener, ha pensado en los más humildes, es el presidente que sabe que su trabajo es servir al pueblo y no servirse del pueblo.

En este contexto por ejemplo a los peruanos nos hubiera gustado que el presidente Vizcarra hubiera tenido una reacción más rápida para cerrar fronteras, o tomar acciones más drásticas con los acaparadores y especuladores que hasta ahora siguen haciendo de las suyas, sin que el Gobierno, el Ministerio Público e Indecopi digan nada.

Bukele dispuso desde el inicio multas, cierres y sanciones drásticas para la especulación. Estableció un bono de 300 dólares, más de mil soles, para los trabajadores formales e informales independientes.

60 auditores para que nadie se robe un sol de las millonarias sumas que circularán por la Emergencia, sino “yo mismo me encargo de que se vaya a la cárcel”, advirtió a sus funcionarios y ministros.

Y por último, ha postergado los pagos de servicios, préstamos bancarios, alquileres de casas, etc, hasta por tres meses, sin intereses.

En el Perú los bancos están postergando, pero aplicarán interés sobre interés, es decir los más beneficiados serán ellos, los mismos bancos, porque los clientes nunca dejarán de pagar.

Y algo mucho más inteligente, aquellos que no respetan el aislamiento serán detenidos y llevados a un complejo especial donde ahí pasarán la cuarentena, resguardados para que no violen las leyes.

En el Perú y en Piura, sobre todo, hasta juegan fútbol en pleno toque de queda, y lo que es peor si los intervienen le pegan al policía, como sucedió en El Tallán.

Karina Miranda

Karina Miranda