La vacunación va avanzando lento, pero por lo menos ha inyectado esperanza en nuestros adultos mayores, quienes son los primeros beneficiados en este proceso.

Sin embargo, es importante no descuidarnos y mucho menos confiarnos. Las instituciones y el mismo Gobierno han sido claros en que todas las vacunas tienen un periodo que tarda en hacer efecto.

En el caso de la Pfizer, la protección más elevada se obtiene 7 días después de haber sido inmunizado con la segunda dosis, es esta precisamente la vacuna que nuestros ancianos están recibiendo. Por tanto, las medidas de precaución deben seguir siendo las mismas, después de la primera dosis y hasta después de la segunda. Porque este antídoto, si bien tiene más del 90 % de eficacia, eso no significa que evite que nos contagiemos, lo único que hace es evitar complicaciones.

Por otro lado, ya que el martes se reinicia el proceso de vacunación, que además ha incluido un pequeño lote para mayores de 70 años, es importante que los organizadores tengan en cuenta el desorden y aglomeración que se generó en la primera jornada, para así evitarla esta vez. Y exhortar a quienes acudirán a los puntos ya anunciados para aplicarle la primera dosis a sus padres o abuelos, reconozcan el distanciamiento social como una medida importantísima para prevenir un contagio. No es necesario que nos hagan señalizaciones, ni nos ordenen como niños de inicial en la fila de formación, para poner en práctica nuestro instinto de sobrevivencia.

Queremos vivir, queremos que nuestro adultos mayores sobrevivan toda esta pesadilla de la pandemia, entonces cuidense y cuidémoslos respetando el protocolo y exigiendo a nuestros compañeros de cola que también lo respeten.

Karina Miranda

Karina Miranda