Basurales en Castilla, en Piura, en el Mercado, en Veintiséis de Octubre, no hay un lugar de la ciudad donde no encontremos cúmulos y casi muladares o botaderos públicos. Las calles, a pesar que los ciudadanos pagan sus arbitrios y existe una partida para el personal dedicado a la limpieza pública, siguen siendo focos infecciosos donde proliferan las moscas, enfermedades y bacterias.

Es por ello que resulta indignante, que un grupo de sindicalistas piense en paros, marchas y protestas cuando la ciudad se encuentra en casi una emergencia, producto de una mala labor, que quizás no es culpa de los obreros, sino de las malas gestiones que han pasado por las municipalidades y que no han sabido dotar a la ciudad de un buen sistema de limpieza.

Pese a todo, sí es lamentable que los trabajadores antepongan un beneficio muy particular, incluso por encima de la ley al de un bien común como es el bienestar y la salud de los piuranos, pero mayor aún es el cuestionamiento de que existan ciertos personajes que presionen a sus sindicalizados a acatar los paros y huelgas si no serán desafiliados.

Dentro de todo este marco, la concesión se convierte en una tabla de salvación para los piuranos, que si bien es cierto podría generar un problema social por la masa trabajadora, bien llevada, y bien gestionada, podría solucionar un problema que afecta no solo a Piura, y es que necesitamos un sistema eficiente, moderno y sobre todo capaz de mantener a los 4 distritos en las condiciones necesarias para que los niños y ancianos -sobre todo, que son los más vulnerables- puedan vivir sin riesgos para su salud.

Karina Miranda

Karina Miranda